Reacción peneuvera al asunto Rouco

Pus: Líquido amarillento, compuesto principalmente por leucocitos muertos, que se produce en los focos de infección del organismo.

Está claro que el foco de infección del diario sabiniano por excelencia se halla en los editorialistas. Leo y comento el último.


Preocupante involución en la Iglesia

El regreso de Rouco Varela como presidente de la Conferencia Episcopal, cargo que ya ocupó hasta la llegada de Blázquez, supone, como el asalto al poder eclesiástico en Bizkaia (los obispos son nombrados por el Papa, exclusivamente. La forma no ha variado en siglos ¿Por qué entonces la chorrada esa de asalto al poder?) , un paso más de la Iglesia hacia las posiciones más integristas (más fieles a la doctrina de Cristo, un piropo dicho con mala baba).

Los sectores integristas de la Iglesia católica española lograron ayer un importante triunfo al dar un golpe de mano en la cúpula de la jerarquía y volver a colocar al frente de la Conferencia Episcopal, por sólo dos votos de diferencia, al cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, representante del ala eclesiástica más dura y ultraconservadora. El nuevo presidente de los obispos españoles, cuyos adalides no han tenido reparos en romper la tradición de otorgar un segundo mandato al frente de la Conferencia -el obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, desplazado a la vicepresidencia, es el primero en la historia en no repetir (falso, el cardenal Quiroga Palacios, primer presidente de la CEE, no repitió)-, es además una de las cabezas visibles de las reiteradas manifestaciones callejeras contra las reformas sociales y civiles del Gobierno de Zapatero orquestadas desde los sectores más reaccionarios de la cúpula católica, en connivencia con el PP y jaleados por los nuevos movimientos neoconservadores (por no repetir lo de ultraconservador ¿verdad? ¡Toma libro de estilo!) que en los últimos años han cobrado especial protagonismo entre las bases de la Iglesia como fuerza de choque.

Rouco Varela, que en apenas dos meses ha pasado de enardecer a las masas desde la madrileña plaza de Colón a hacerse con el control de la Iglesia española, representa ese intento revisionista de la historia que busca, en sintonía con importantes grupos eclesiásticos, políticos y mediáticos, un regreso nostálgico al viejo nacionalcatolicismo
(no como vosotros que sois los adalides del catolicismo nacionalista, tan demodé y en retroceso). Un viaje que ha ido pergeñando en la sombra, como un líder de la oposición, durante el mandato de Blázquez y que se le abre ahora en toda su dimensión y con plenos poderes. Y que tiene -y tendrá- más derivaciones. El asalto al poder logrado recientemente (repite, que no cuela) por estos mismos grupos conservadores en la Iglesia de Bizkaia, y de la que el nombramiento de Mario Iceta como obispo auxiliar de Bilbao no es sino su máxima expresión, es un signo más, muy preocupante, de la deriva actual de la Iglesia hacia posiciones ultras. Rouco Varela vuelve a un puesto que ya ostentó entre 1999 y 2005 estrechamente vinculado al aznarismo y desde el que se convirtió en azote de prelados vascos y catalanes, así como de comunidades cristianas de base, al amparo de la Cope (estaba tardando en salir), su instrumento de agitación. Es precisamente el dominio de estos grupos católicos neoconservadores lo que aflora tras su elección y lo que le ha permitido a Rouco recuperar el poder interno ante el silencio temeroso de otros obispos que han optado por una prudente moderación. La jerarquía eclesiástica española refuerza así su escoramiento hacia el integrismo y el nacionalcatolicismo, una apuesta que, además de alimentar las expectativas de la base social de la derecha política en vísperas del 9-M y amenazar con reabrir la guerra contra el Gobierno ante una eventual reelección de Zapatero, también incidirá en el vacío social que asuela las parroquias desde hace años (por culpa de vuestra gris manera devivir el catolicismo).

¡Qué largo se me ha hecho!

Y decía la portavoz del Gobierno Vasco Miren Azkárate 'en más de una ocasión se han escuchado críticas desde distintas instancias políticas, porque se ha entendido que la cúpula de los obispos, o por lo menos determinados cargos, se han inmiscuido en temas políticos y han interferido en la vida política no quiero pecar de lo mismo en sentido contrario'. ¡JA!

1 comentarios:

Embajador en el Infierno dijo...

De verdad que flipo con la retórica peneuvista, y con la mala baba que destilan.

Me han gustado tus comentarios al margen.