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Hacienda y el bandolerismo

Isabel San Sebastián se muestra tan contundente como acertada:

Es cierto que este Gobierno se ha encontrado una situación mucho más dramática que la peor de sus previsiones y que está viéndose obligado a hacer lo que a nadie le gustaría. No lo es menos que en su desesperación está liquidando a las clases medias, blanco de ese voraz apetito recaudatorio. Porque para el común de los mortales, para quienes sostienen con sus tributos a este Estado elefantiásico cuya expansión desmesurada no entendemos ni nosotros, ni mucho menos quienes han de prestarnos el dinero para seguir gastando lo que no tenemos, el concepto de «contribución» está derivando en «exacción». O sea, que Hacienda ya no somos todos, sino unos seres amenazadores, con cara de administración pública, que confiscan el fruto de nuestro sudor con el fin de alimentar a un monstruo insaciable e inútil.

Jean-Claude Trichet ¿debiera ser condenado?

La operativa era la siguiente: “Abel, de 62 años, y su nuera Azucena, de 34 años, se dedicaban a ir por toda la geografía española distribuyendo los billetes falsos que previamente había impreso el primero en su piso de Valencia. La mujer y su suegro realizaban compras pequeñas con billetes de 50 euros”. Él ha sido condenado a 6 años y ella a 3.

Veámoslo, por ejemplo, en el caso del Banco Central Europeo, por ser la competencia directa de Abel y Azucena en la producción de billetes de 50 euros: Jean-Claude, de 68 años, y el resto de miembros del Consejo de Gobierno, desde la sede central situada en Frankfurt, deciden a puerta cerrada cuánto dinero van a imprimir en lo que llaman "decisiones de política monetaria" y medidas de estímulo monetario. Con este dinero recién “imprimido” (o, más bien, tecleado en un ordenador), realizan compras astronómicas de deuda pública o se lo prestan a los bancos comerciales a un tipo de interés privilegiado, los que, a su vez van por toda la geografía prestándolo con ánimo de lucro, recalentando algunos sectores de la economía y en perjuicio del resto de la sociedad.

¿Qué diferencia hay entre los estímulos monetarios de Jean-Claude y los de Abel? Ninguna. Bueno, hay una que no se puede pasar por alto para evitar ir a la cárcel. Jean-Claude, como todo banquero central, goza del monopolio estatal para la creación de dinero fiduciario, ese que solo tiene como respaldo la promesa de los gobernantes de mantener su poder de compra; ese que solo Jean-Claude, no Abel, puede crear de la nada, sin otro límite que su conciencia. Y quien no respete este monopolio en la creación de euros no se las tendrá que ver con un tribunal mercantil por competencia desleal, sino con la Audiencia Nacional (bueno, no todos, los banqueros encontraron el medio de crear dinero, tan bueno como el de los bancos centrales, y no solo no ir a la cárcel, sino ser bendecidos por las leyes y aplaudidos por los más pre
stigiosos economistas. Pero eso tema para otro día)

Fekete, oro y dinero

Muy probablemente concluirá el año 2009 sin que se haya conmemorado el centenario de un evento de gran importancia en la historia, que figura en forma destacada como la causa principal de la Gran Crisis Financiera del siglo. Este evento fue aquel al cual se le dio el falso nombre de “Legislación de Curso Legal” de 1909.

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Quiero subrayar que he dicho que la legislación que llevó el nombre de “Legislación de Curso Legal” no fue tal, porque “curso legal” en este contexto fue una maligna distorsión del sentido aceptado de la frase. No había ningún aspecto de coacción en el curso legal, anteriormente a 1909. Los billetes de banco circulaban como dinero, pero su aceptación era enteramente voluntaria. La gente tenía el derecho incondicional de cambiarlos por moneda del país, o sea, por monedas de oro. Si un banco no podía entregar moneda de oro a cambio de un billete estaba en mora técnica y tenía que atenerse a las consecuencias.

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La medida se representó como un simple cambio, conveniente por razones de eficiencia. No hubo debate público respecto a sus implicaciones. En aquel tiempo, nadie podía adivinar las consecuencias ominosas. Nadie sospechaba mala fe de parte del gobierno. Como prueba de buena fe, se permitió que el oro continuara en circulación por otros cinco años. Los bancos entregaban las monedas de oro sin mayor problema. No hubo un notable incremento en la acumulación de monedas de oro por el público, señal que éste albergaba una confianza implícita en su gobierno. Cuando la guerra finalmente estalló en 1914, “los cañones de agosto” anunciaron el efecto demorado de las leyes de curso legal. De inmediato, todas las monedas de oro se escondieron. Los bancos se rehusaron a entregar oro a cambio de billetes. La Legislatura, incluso todos los diputados socialistas, votó a favor de los créditos bélicos que solicitaba el gobierno, sin demora.

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Nuestra crisis financiera actual es la culminación de una tragedia que se nos endilgó por la coacción en el campo monetario. La salida de la crisis y el camino para evitar otra Gran Depresión, es por vía de la restauración de la libertad en el ámbito de la moneda: por medio de una hábil revocación de las leyes de curso legal. Es necesario rehabilitar el patrón oro junto con el sistema de “clearing” que lo acompañaba, el mercado de letras de cambio. La naturaleza monopólica de deuda gubernamental en el mercado de bonos tiene que eliminarse mediante la reintroducción de la competencia que la moneda de oro le hará a las promesas gubernamentales. Los tenedores de bonos que no quedan satisfechos con la tasa de interés que ofrecen los cupones que arbitrariamente se adjuntan a los bonos de gobierno, deben recuperar nuevamente su derecho: el derecho de colocar sus ahorros en monedas de oro, como lo hacían antes de 1909. De esta forma, podrían obligar a los gobiernos a pagar tasas de intereses competitivas, para atraer los ahorros de los particulares. Toda coacción en el campo monetario debe cesar. La dignidad del individuo debe respetarse. La actitud colectivista de los gobiernos debe descartarse a favor de una actitud que favorezca al individuo, una actitud que restaura la libertad y la libre iniciativa del ser humano.

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Antal Fekete

Discurso del Profesor Antal E. Fekete, matemático y experto monetario , durante una cena benefica de “The Ficino School” en Auckland, Nueva Zelanda, el 28 de octubre 2009.

Completo aquí.