Objetar a la EpC

La objeción de conciencia es la negativa de un individuo a cumplir una norma del ordenamiento jurídico, por entender que es incompatible con un determinado valor moral percibido por la propia conciencia. Aunque, ciertamente, tenemos el deber de cumplir aquellas leyes que dicta la legítima autoridad, tampoco podemos olvidar que la conciencia del individuo está comprometida, en la búsqueda del bien, con otras instancias morales o éticas.

Tiene muy poco sentido el que sea un tribunal quien dirima si los contenidos de la EpC vulneran las convicciones morales de los padres. ¿Eso quién tiene que decidirlo: un tribunal o los propios padres? Si se niega a los padres ese discernimiento, en la práctica no se reconoce el derecho a la objeción de conciencia.


Completo aquí

3 comentarios:

Fonseca dijo...

El poder político se sale con la suya SIEMPRE.

... es lo que hay.


Fonseca

Embajador en el Infierno dijo...

Munilla: Da man!!. O sea, ¡el amo! (le añadiría un contundente adjetivo a eso de "amo" pero igual queda un poco irreverente)

Branhunter dijo...

Hablando de la familia, yo me eduqué en una en que mi padre daba a entender muy a las claras que no aceptaría la homosexualidad de un hijo suyo, de modo que si yo por ejemplo hubiera sido homosexual, esto es, que hubiera sentido atracción sexual por lo hombres, mi única respuesta posible hubiera sido la represión de dicho deseo o la clandestinidad extrema, como tantos otros que no han podido hacer ostentación pública o privada de su homosexualidad, ya que ello les acarreaba discriminación o marginación. Afortunadamente los tiempos progresan y la liberación de la sexualidad, así como la aceptación pública de las relaciones homosexuales va a más. Aun queda, sin embargo, camino por recorrer, ya que se cuestiona la pareja homosexual como modelo válido de familia y porque está claro que para todos aquellos que aun nos hemos educado en una cultura sexista (en la que se incluye la exaltación del macho, el machismo más burdo, la homofobia y un largo etcétera), vamos a seguir teniendo dificultades para aceptar la homosexualidad como una posibilidad, no necesariamente la preferida, de nuestras relaciones sexuales, o emparejarse con alguien del mismo sexo una posibilidad descartable de entrada. Son tiempos en que aunque el hombre respeta mayormente la homosexualidad, se proclama la inviolabilidad del ano. Y en gran parte, la cuestión del rechazo a la educación sobre la ciudadanía se relaciona con esto, no a una defensa de la familia como fuente de la moralidad, sino como barrera ideológica y como rechazo a la transición cultural.

Sea como sea, me parece inaceptable considerar la familia como la célula básica de la sociedad, como dice el obispo de Palencia, ya que no hay nada que sea tal cosa. La familia es una parte importante en la vida de todo individuo, y lo es para bien o para mal, pero no es la única. También lo es la escuela, lo es el Estado y lo son muchas más cosas, pero lo que es central es que entre todas ellas, se ha de garantizar la posibilidad de que el individuo reciba inputs diferentes, porque sólo así podrá tener oportunidad de realizarse como persona. El entorno social no es un ente peligroso y dañino del que hay que proteger a ningún hijo, sólo un entorno que te puede aportar muchas cosas positivas y otras negativas, exactamente igual que la familia, que tanto ama como pega, que tanto protege como explota, que tanto estimula como oprime. Todo depende del caso y de las circunstancias. Un cura, un padre y un tío que pasa por la calle tienen una cosa en común: que en las tres categorías hay buena gente y violadores. Sí, el padre violador, alcohólico y maltratador existe, no hay familias homogéneas, las familias son distintas entre ellas y desde luego no son un modelo natural, sino sociocultural. Lo único natural es la maternidad, no la familia, no existen vínculos biológicos entre el padre y el hijo, sólo genes en común, a diferencia de la madre, cuyo cuerpo no sólo lo genera sino que además se predispone a alimentarlo en sus primeros meses de vida. Fuera de eso, todo lo demás, se corresponde con la forma como queramos organizar la sociedad y la creamos más conveniente.

Así las cosas, se hace evidente, ante ciertas reacciones, que hay mucho conocimiento social básico que debe de ser asimilado, lo que no hace en absoluto prescindible una asignatura sobre ciudadanía.